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viernes, 24 de junio de 2011

LA VIDA PERDURABLE


“He venido,
pero mi llanto se quedó allí
a la orilla del mar,
llorando .
He venido,
Pero no os serviré de nada
Porque allí se quedó mi alma .
He venido,
Pero no me llameis hermano,
Porque mi alma esta allí
Llorando .”

JUAN RAMON JIMENEZ



   Julian Marías señaló que la mortalidad es hasta tal punto una determinación de la condición humana , que la palabra “ mortal “ se emplea como sinónimo de “ hombre “ .
Mortalidad no es sólo que se puede morir, sino que se tiene que morir, aunque no se sepa el momento; de ahí la certeza de la fórmula mors certa, hora incerta.

  Vamos a tratar de profundizar en esta realidad insoslayable, que a la vez nos conduce al pórtico de la vida perdurable, es decir , de la esperanza .

Antropología de la muerte

La antropología de la muerte tiene dos núcleos antagónicos pero omnipresentes: la propia mortalidad y el ansia de perduración, la vida perdurable.La condición y futuriza y proyectiva del hombre parece precisar, de forma imperiosa, la continuidad de la vida.Marías lo ha descrito de un modo clarividente: No es mi vida la que desemboca inexorablemente en la muerte; es el hombre que yo soy. El hombre es el animal que tiene una vida humana, por tanto ese hombre, es decir, la estructura empírica de la vida humana, es una estructura cerrada; pero mi vida, yo como persona, soy una estructura abierta.
Si el hombre es intrinsecamente mortal, continúa Marías, mi vida consiste en una pretensión de eternidad(..), lo que yo soy es mortal, pero quien yo soy consiste en pretender ser inmortal y no puede imaginarse como no siéndolo, porque mi vida es la realidad radical.
La muerte corporal, en este sentido, no es mi muerte: la muerte es algo que me pasa en mi vida.La muerte es un hecho radical en la vida humana,; Mi muerte es exclusivamente mía, lo más personal de mi vida.  Para  Miguel de Unamuno  la muerte es, de hecho , la única gran cuestión de la filosofía: ¿Qué va a ser de mi?
En el corazón de la vida se hace presente la muerte, comenzaba un canto religioso del siglo XI, pero esta presencia siempre se compensa y se une a la de la esperanza en lo permanente,


Muerte y felicidad

  La felicidad es el anhelo permanente de la vida humana . Sin embargo, la muerte introduce un especial dramatismo en la vida porque dota a cada uno de los días de un valor único e irrepetible; esto los convierte en piezas valiosas y disfrutables, y aún así es preciso reconocer que la esperanza en la perdurabilidad se alza como indudable condición de que la felicidad posea consistencia. Es la gran función de la fe  que, en  la tradición cristiana, tiene dos grandes columnas vertebrales.   La primera es la promesa de la vida eterna: El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre (Juan 11/25/26), y la segunda es la resurrección de Cristo, tal y como predica San Pablo: Fundamento de nuestra fé.


Pero el gran ingrediente para vencer a la muerte, y por tanto, para asegurar la expectativa de felicidad, es el amor, y con él aquellos temas o realidades par los que la muerte no resulta objeción. El amor es más fuerte que la misma desaparición física,
    En la maravillosa Ordet, de Carl Th. Dreyer, la fuerza de la fe enamorada logra el milagro de la resurección; es una de las mejores secuencias de toda la historia del cine. Es la misma fuerza que anima otras grandes películas como “Tres camaradas “ de Frank Borzage, “Primavera “ de Robert Z. Leonard ( con Jeannette MacDonald y Nelson Eddy ), “Noche nupcial “ de King Vidor , “La colina del adios “ de Henry King , “Vértigo “ de Alfred Hitchcock ,  o “Sueño de amor eterno “ de Henry Hathaway . También la hermosa película mejicana “Tizoc “ de Ismael  Rodriguez , con María Felix y Pedro Infante  y la española “Cuando tu no estás “ de Mario Camus, con Raphael.


Conexión de esta vida con la futura

Desde la perspectiva cristiana, la promesa de la vida futura nos compromete profundamente con la vida presente. Dios, juez de vivos y muertos (Hechos 110-42), determinará la unión eterna del himbre con El  (el cielo) o la exclusión definitiva de dicha unión (el infierno).

Pero en un análisis desde el punto de vista de la razón vital, la muerte no significa la desaparición del proyecto vital biográfico, porque si la vida futura existe, habrá de significar la continuación de las trayectorias personales. Morir es, señala Marías, perder la instalación en que uno se encontraba, ser expulsado de la instalación corpórea, pero esto no es el final, sino tan solo una continuación en forma diferente. De nada nos servirá una vida futura en la que no nos reconociéramos como lo que fuimos un día: ahí reside la esencial conexión de la vida terrena con la vida desconocida, sea ésta como fuere.




Imaginación de la vida perdurable.
                   
Tradicionalmente se ha limitado la descripción de la vida futura a las concepciones de cielo e infierno como premio o castigo  según las acciones humanas efectuadas en la vida terrena. Sin embargo el campo de investigación – de imaginación – aún es gigantesco .
A la vida eterna cada uno se lleva lo que ha sembrado. Por eso, la escena de la película “ Balarrasa, “  de José Antonio Nieves Conde, en la que un hombre mira sus manos vacías gritando:  “No tengo nada, nada, adquiere un intenso dramatismo.

Si el cielo es paz, el infierno es violencia, tortura y permanente tensión.

Imaginar la vida después de la muerte es una empresa imposible, pero como escribió Julián Marías, dos poderosas razones impulsan esta imaginación:

a.      Razón pragmática: hay que imaginar para poder desear.
b.      Razón metódica: la vida perdurable no será seguramente real y como lo imaginemos, pero a buen seguro que aquélla resultará mucho mejor, mucho más interesante.
Como ya anticipamos, el centro de la esperanza cristiana es la resurrección de la carne, resurrección corpórea, por tanto, que tiene su apoteosis en el Cuerpo Glorioso de Cristo, ese Cuerpo que se `puede tocar y sentir (recordemos el episodio del incrédulo Santo Tomás, a quién Jesus invita a palpar sus heridas).

Si el Espíritu del que resucitó a Jesus de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús viviera también vuestros cuerpos mortales por el mismo espíritu que habilita en vosotros.
Carta de San Pablo: Rom. 8.11

     Julián Marías  , aplicando a fondo la filosofía orteguiana de la razón vital ( y caminando un paso más adelante que el propio Ortega ) inició el camino para una indagación filosófica apasionante : la imaginación de la vida perdurable .
   
    El punto de partida es una prolongación coherente de la filosofía de la razón vital. A mí ( a cada uno de nosotros) nos acontece biográficamente la muerte, y como toda narración biográfica va siempre hacia delante, dinámicamente, también irá así la vida perdurable.







Estas serían sus principales coordenadas:

Simultaneidad sobrenatural de las edades

¿A qué edad se resucita ¿ ¿Porqué no pueden salvarse las edades? La conservación de todos los caracteres de cada edad resulta esencial para la perfección de la vida.Marías cuenta una anécdota sugestiva: casi al borde de los cien años, en sus últimos meses, el gran Ramón Menéndez Pidal le preguntaba: Marías, ¿cree usted que podré ver a los juglares?

Se entiende que en su condición histórica auténtica, la medieval, el mantenimiento simultáneo de las edades supondría la permanencia de la historia universal, porque si la historia desaparece, nosotros mismos perderíamos parte esencial de nuestro ser.

Visión argumental

El argumento de nuestra biografía no se detiene con la muerte, sino que continúa, aunque de forma diferente. Por eso, la vida perdurable no tiene por que ser una situación permanente, estática, sino inagotable pero argumental y evolutiva. Además, sólo Dios es
Eterno, nunca el hombre.

Realización simultánea de las trayectorias

Todos los caminos y posibilidades que se alumbraron en nuestra vida como auténticos, pero que nuestra limitación empírica impidió, tal vez podrían ahora realizarse.  Sería tal vez la  forma suprema de felicidad.

Conservación de las relaciones personales

Si la vida perdurable es nuestra vida ( si no lo es, la perduración interesaría más bien poco), parece lógico pensar que en ella reconoceremos a las personas, sobre todo a las amadas. Puede creerse que la presencia de Dios basta, pero, ¿ por qué limitar la felicidad plena produciendo comparaciones absurdas? ¿No se ama a Dios en la tierra a través, también, de los hombres?
Marías escribe: Desde Dios amaríamos más que nunca, en forma de posesión plena, a las personas amadas.
             

¿Qué va a ser de mi? Es la pregunta radical de toda filosofía.   Tambien Gustavo Adolfo Bécquer se lo preguntaba en hermosa rima : 

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia,
podredumbre y cieno?





 Y Unamuno en el romance del destierro :

Vendrá de noche, cuando todo duerma;
vendrá de noche cuando el alma enferma  se emboce en vida ;
vendrá de noche, con su paso quedo,
vendrá de noche y posará su dedo
sobre la herida.



   Pero sobre la muerte , se impone el amor , como describe a la perfección el lema de la magistral película de Carl Dreyer, “Gertrud “ : “Amor est omnia “ ( el amor lo es todo ).



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