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martes, 5 de abril de 2011

Cine y religión . Una metafísica de la vida.




Se ha escrito mucho sobre las relaciones entre religión y política – tanto en Estados Unidos como en España – pero se ha analizado menos la gran influencia y presencia que el hecho religioso (la “ religación “ del ser humano con Dios, en palabras de Javier Zubiri ) observa en el arte de nuestro tiempo, el cine ,
La problemática que ofrece el llamado cine religioso es amplia. No es correcto tratar de encontrar un cine «religioso», debemos buscar la presencia de la religión en las películas, en el drama del hombre, en su plenitud infinita, que esto es el verdadero sentido religioso.
La religión en el cine ha tenido una expresión importante, casi siempre en un sentido positivo y ligadas al cristianismo, ya que el cine es un arte de desarrollo fundamentalmente occidental.
El gran autor cinematográfico de la Biblia es, sin duda, Cecil B. de Mille, aunque su obra abarque casi todos los géneros posibles. De Mille supo expresar los principales hechos bíblicos, y lo hizo reflejando la imagen que de la Biblia han tenido y tienen millones de seres humanos. Inolvidables resultan “Rey de Reyes “ 1927, “Sansón y Dalila “ 1950 y “Los Diez Mandamientos “ 1956 .
En la estela de De Mille se mueven otros grandes como King Vidor (Salomón y la Reina de Saba), William Wyler ( la magistral Ben Hur), Mervin le Roy (Quo Vadis ¿ ), John Huston (La Biblia).
Después de la Biblia, el otro gran tema universal es Cristo. Hasta los últimos años, el cine ha tratado siempre con respeto la figura de Jesús de Nazaret, bien en películas que refieren a la época histórica, aunque la narración central sea otra (Barrabás de Richard Fleischer, El beso de Judas de Rafael Gil, La túnica sagrada de Henri Koster , Los hechos de los Apóstoles , de Roberto Rossellini ) bien en acercamientos concretos a los Evangelios, tratando de ofrecer una figura auténtica de Cristo en la obra cinematográfica (De Mille, Nicholas Ray, George Stevens ,  Pasolini, Rossellini, Zeffirelli...).  A la luz contemporánea los más destacados – aparte el magnífico “Rey de Reyes “ de De Mille en la época muda – “Jesús de Nazaret “ de Franco Zeffirelli, “La historia más grandes jamás contada “ de George Stevens y “La pasión de Cristo “ , la impresionante recreación de Mel Gibson .




La religión también ha aparecido de forma brillante y profunda en numerosas películas inolvidables. :   ¿Cómo olvidar la conversión de Clark Gable en San Francisco tras escuchar a Jeannette MacDonald entonar “Nearer my God to thee “ , o la última noche de los sitiados en El Alamo de John Wayne, el milagro de la gracia en Las noches de Cabiria de Federico Fellini, o la parábola cristiana de Qué bello es vivir de Frank Capra, , y que sintetiza de modo admirable el núcleo del cristianismo?.

          Y no podemos olvidar las películas de curas y monjas ( “Diálogo de carmelitas “ , “Yo confieso “ 1952 de Alfred Hitchcock, “El fugitivo “ 1947 obra maestra de John Ford , “Forja de hombres “ 1938 de Norman Taurog , “Canción de cuna “ de José Luis Garci , “LA herida luminosa “ 1956 de Tullio Demichelli  , “La mies es mucha “ 1947 de José Luis Saenz de Heredia , “La guerra de Dios “ 1953 de Rafael Gil,  “El angel “ 1969 de Vicente Escrivá ( con Raphael interpretando a un cura cantante ) , “Diario de un cura rural “ 1951 de Robert Bresson , y la famosa y entrañable “Las campanas de Santa María “ 1946 de Leo McCarey ), o las biografías de los santos : “La señora de Fátima “ 1951  una de las mejores obras de Rafael Gil , “La canción de Bernadette “ 1943 de Henry King ,  “Becket “ 1964 de Peter Glenville , “La pasión de Juana de Arco “ 1928 de Carl Dreyer , “Un hombre para la eternidad “ ( versión de 1966 dirigida por  Fred Zinnemann y de 1988 dirigida por Charlton Heston ).
  Y ocupan su lugar, desde luego, las reflexiones teológicas transidas de sentimiento y anhelo de Dios : “Ordet “ 1956 de Carl Theodor Dreyer , o que lo buscan con desesperación al modo de Unamuno : “El séptimo sello “ 1957 y  “Los comulgantes “ 1964 de Ingmar Bergman , “Sacrificio “ 1984 de Andrei Tarkovski . O con la emoción infantil de un niño : “Marcelino pan y vino “ de Ladislao Vajda . .........  Nada por cierto que ver con la escasa calidad de las recientes “LA brújula dorada “ o “El Código Da Vinci “ .




 antropología metafísica
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La antropología de la muerte tiene dos núcleos antagónicos pero omnipresentes: la propia mortalidad y el ansia de perduración, la vida perdurable.La condición y futuriza y proyectiva del hombre parece precisar, de forma imperiosa, la continuidad de la vida. Marías lo ha descrito de un modo clarividente: No es mi vida la que desemboca inexorablemente en la muerte; es el hombre que yo soy. El hombre es el animal que tiene una vida humana, por tanto ese hombre, es decir, la estructura empírica de la vida humana, es una estructura cerrada; pero mi vida, yo como persona, soy una estructura abierta.
Si el hombre es intrinsecamente mortal, continúa Marías, mi vida consiste en una pretensión de eternidad(..), lo que yo soy es mortal, pero quien yo soy consiste en pretender ser inmortal y no puede imaginarse como no siéndolo, porque mi vida es la realidad radical.
La muerte es un hecho radical en la vida humana, como John Wayne expresa en una emocionante escena de The Shootist, de Don Siegel; Mi muerte es exclusivamente mía, lo más personal de mi vida. Para autores como Unamuno, la muerte es, de hecho , la única gran cuestión de la filosofía: ¿Qué va a ser de mi?
la muerte introduce un especial dramatismo en la vida porque dota a cada uno de los días de un valor único e irrepetible; esto los convierte en piezas valiosas y disfrutables, y aún así es preciso reconocer que la esperanza en la perdurabilidad se alza como indudable condición de que la felicidad posea consistencia. Es la gran función de la fe que, en tradición cristiana, tiene dos grandes columnas vertebrales.

La primera es la promesa de la vida eterna: El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre (Juan 11/25/26), y la segunda es la resurrección de Cristo, tal y como predica San Pablo: Fundamento de nuestra fe.

La secuencia de la última noche de los sitiados en el asedio de The Alamo, de John Wayne, cuando sus defensores presienten y preparan su muerte inminente, posee un especial dramatismo por su mezcla fecunda de  valor y esperanza en esa presentida vida perdurable
Pero el gran ingrediente para vencer a la muerte, y por tanto, para asegurar la expectativa de felicidad, es el amor, y con él aquellos temas o realidades para los que la muerte no resulta objeción. El amor es más fuerte que la misma desaparición física, como demuestran Peter Ibbetson, de Henry Hathaway , Cumbres borrascosas, de William Wyler , Cuna de héroes , de John Ford ,  o Primavera, de Robert Z. Leonard.   En la maravillosa Ordet, de Carl Th. Dreyer, la fuerza de la fe enamorada logra el milagro de la resurrección.
Si la vida perdurable es nuestra vida ( si no lo es, la perduración interesaría más bien poco), parece lógico pensar que en ella reconoceremos a las personas, sobre todo a las amadas. Puede creerse que la presencia de Dios basta, pero, ¿ por qué limitar la felicidad plena produciendo comparaciones absurdas? ¿No se ama a Dios en la tierra a través, también, de los hombres?
Marías escribe: Desde Dios amaríamos más que nunca, en forma de posesión plena, a las personas amadas

    El cine es, en definitiva, un espléndido vehículo artístico para el desarrollo y propagación de esas verdades esenciales para el hombre, que la religión encierra y que dan sentido a una vida en verdad humana.


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