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viernes, 3 de febrero de 2012

Antropología metafísica



Tradicionalmente, la metafísica, tal y como fue concebida por Aristóteles, se identifica con la ontología, es decir, con la ciencia del ser y la teoría del conocimiento; sin embargo, Ortega, sin renunciar a esa visión, incluye un nuevo modo de acercamiento. Para saber a qué atenerse, el hombre necesita una certidumbre radical, en la medida que no la tiene, la busca, porque le es necesaria; de este modo, en certeza expresión de Julián Marías, la metafísica, según la razón vital, sería la búsqueda de la certidumbre  radical acerca de la realidad radical.

  1. La metafísica no es una certeza en que se está, sino una certeza a que se llega.
  2. La metafísica ha de justificarse; entre otros casos, ha de dar razón de sí misma.
  Ortega lo describió de forma admirable : “ ¿No merece la pena de que antes de que la metafísica empiece a decirnos lo que es el Universo paremos mientras en este hecho previo, humildísimo, pero irrecusable, de que la metafísica misma no es sino algo que el hombre, usted y yo, hacemos con nuestras vidas y que ésta, en consecuencia, es algo anterior, antepuesto a cuanto la metafísica o cualquier otra ciencia o la religión misma nos vaya a descubrir? “.

Julián Marías,  construye en “Antropología metafísica “  una  apasionante interpretación y desarrollo del contenido de una metafísica según la razón vital .Su base y su núcleo seria, obviamente, el análisis de la estructura de la vida humana, la realidad radical de cada persona, de cada uno de nosotros.
La vida humana posee una estructura que descubro analizando mi propia vida; el resultado de ese análisis es una teoría que se puede denominar analítica.

Estas estructuras analíticas permiten aprehender la realidad singular de cada vida, y la forma más singular de hacerlos es contándola. Ahora bien, esa estructura analítica (narración de una vida) tiene unos supuestos que no podemos pasa por alto; cuando contamos , por ejemplo, la biografía concreta de un hombre estamos dando por supuesto lo que denominamos hombre , es decir, la serie y el conjunto de elementos previos a cada biografía y con los cuales contamos. A esa zona de realidad es a la que Marías llama estructura empírica.

Ahora si nos encontramos en disposición de entender, de manera completa, lo que es el hombre: el conjunto de las estructuras empíricas con que se nos presenta la vida humana.

De esta manera tendremos:
Antropología
Sería la ciencia de la estructura empírica, es decir el análisis de lo que el hombre es:

-          La realidad de la vida humana.
-          Estructura de la vida humana.
-          Mundanidad y sensibilidad.
-          Instalación corpórea.
-          Condición sexuada.
-          Condición amorosa.
-          Mortalidad humana.

Sin olvidar, en ningún momento, que el hombre es una realidad que yo encuentro en el ámbito de mi vida, es decir, como una realidad radicada en la que es evidente la realidad radical: mi vida.

Metafísica.

Comprendería el estudio de la teoría de la vida humana como realidad radical:

-          Experiencia de la realidad circunstancial.
-          Razón vital: masculina y femenina.
-          Sentido de la vida.
-          Azar, imaginación y libertad.
-          Teoría del conocimiento.
-          Felicidad humana.
-          Relación con Díos.
-          Vida perdurable.



  Utilizando a fondo  los instrumentos intelectuales propuestos por Ortega y Gasset y  Julián Marías  estaremos en condiciones de dar respuesta a las dos preguntas básicas del ser humano : ¿Quien soy yo y Qué va a ser de mí ?

domingo, 2 de octubre de 2011

Ortega y Gasset en Estados Unidos


En el mes de Julio de 1949 el filósofo español José Ortega y Gasset fue invitado a la conmemoración del bicentenario de Goethe que se iba a celebrar en Aspen (Colorado). Ortega, admirado en Alemania y Argentina, viajero de Europa, emprendía su primer y a la postre único viaje a los Estados Unidos, en plena posguerra, cuando la nación americana se había convertido ya de forma indudable en la gran superpotencia del mundo occidental.
El corresponsal de ABC, José María Massip, resumió la breve pero fecunda estancia del autor de “La rebelión de las masas“ en Aspen: “Expuso ampliamente sus ideas para un Instituto Internacional de Humanidades y encontró una gran acogida.
Pensaba que un Instituto de este tipo, en gran escala, y apoyado en el máximo prestigio y rigor intelectual, compensaría hasta cierto punto el desequilibrio creado por el tecnicismo americano y la mística materialista del comunismo. Podría haber vuelto a Estados Unidos cuando quisiera y habría encontrado aquí toda clase de apoyos y el dinero necesario para llevar adelante su vasto proyecto“.
“La rebelión de las masas“ había sido traducida en 1932 y publicada en Estados Unidos, fue reeditada en 1950 y 1951 en ediciones populares que vendieron millones de ejemplares. También había tenido gran difusión “Misión de la universidad “, traducida  por la Universidad de Princeton y publicada en 1944. La fuerte personalidad, el carisma y la elegancia de Ortega cautivaron a los universitarios e intelectuales americanos, y el filósofo español salió con una idea renovada de aquella realidad que por primera vez se extendía ante sus ojos. “Pase lo que pase en Europa – escribió Ortega – la cultura occidental tiene asegurada aquí, en Estados Unidos, su continuidad “. “Esto – añadió – no es una superestructura civilizada colocada sobre un pueblo elemental, sino un conjunto orgánico de gran trascendencia “.
Ortiga impartió dos conferencias, el primer día abriendo la sesión que luego cerró Alberto Schweitzer, (en la segunda sesión fue al revés). A Ortega le presentó Robert Hutchins y la intervención iba siendo traducida nada menos que por Thornton Wilder. Los temas fueron: ”Sobre un Goethe bicentenario“ y “Goethe sin Weimar“. El auditorio estuvo compuesto de casi dos mil personas, universitarios,  intelectuales y estudiosos de la cultura. En una carta escrita a su hijo, el médico Miguel Ortega, fechada el 22 de julio de 1949, resume: “Todo ha ido inesperadamente muy por encima de lo que cabía esperar“.
En Aspen, además, Ortega conoció a Gary Cooper que veraneaba en un hotel de las Rocosas. El filósofo y el actor compartieron largas horas de conversación sentados en la terraza del hotel. Ortega le pidió a Gary Cooper una de sus camisas de “hombre feliz”, para contradecir la fábula que señalaba que los hombres felices no tenían camisa.  Días después, cuando Ortega estaba alojado en el Hotel Plaza de Nueva York, recibió una camisa vaquera del actor, y una nota donde le pedía que le enviase- a su vez – una camisa suya, de hombre también feliz en la vida intelectual.
Ortega entró en contacto con la Fundación Rockefeller y el mecenas y millonario Walter Paepcke, promotor  entre otros, del Instituto Tecnológico de Illinois. El mediador era Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico. Durante los dos años siguientes continuaron las gestiones de las que quedan notas y documentos en los archivos del “Aspen Institute for Humanistic Studies”, pero no pudo fructificar.  Quedaron – al menos – varios artículos de Ortega publicados a partir de agosto de 1949 en diversos medios intelectuales americanos y diversos proyectos inconclusos como la participación del filósofo en la prestigiosa revista “National Review “ que se hubiera materializado pero que quedo cercenada tras la muerte de Ortega en Madrid  en octubre de 1955.
Como en muchas otras facetas, la obra inconclusa de Ortega fue continuada por Julián Marías que a partir de 1951 pasó largas temporadas impartiendo muchos cursos orteguianos en Estados Unidos. La razón vital estaba ya inexorablemente en marcha.

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL CINE DE JULIAN MARIAS . Fernando Alonso Barahona






A lo largo de varias décadas Julian Marías  (1914-2005 ) escribió artículos de cine en diversas publicaciones como “LA Gaceta Ilustrada  y “ABC “ . Luego aparecieron en forma de libros : “Visto y no visto” y “El cine de Julián Marías “.
Ya en “Introducción a la filosofia “ 1947 e “Imagen de la vida humana “ 1953 , Marías reflexionaba sobre la importancia y posibilidades del cine en la vida contemporánea . Aplicando los esquemas de la razón vital – la vida como realidad radical y la razón narrativa como método de conocimiento – encontramos que el cine presenta originales escorzos de vida humana ; el cine , al fin y al cabo, cuenta historias y sirve para ampliar de forma extraordinaria el horizonte vital de las personas .
   Julián Marías lo expresaría de forma diáfana : “Y entonces descubrí algo inesperado y acaso aún más interesante : que puede haber una antropología cinematográfica , porque el cine es, con metodos propios, con recursos de los que hasta ahora nadie había dispuesto , una indagación de la vida humana “.  En el año 1992 , y siguiendo esta estela creada por el maestro, escribí “Antropología del cine “ (Editorial CILEH ) donde traté de desarrollar los sugestivos caminos de una visión antropológica humana a través del séptimo arte .
  El cine , en definitiva, es como un mirador, la perspectiva cinematográfica primaria , “ permite la contemplación de la escena – la calle en este caso- sin sacarnos de ella “.
  La riqueza de los articulos de Marías ( que recordaba cómo intentó inspirar el amor al cine a su maestro Ortega  a quien de vez en cuando llevaba a las salas de proyección )  dedicados al  séptimo arte  es inmensa . Reflexiones sobre el sentido épico de la vida cotidiana ( un homenaje al “western “ ),, el tiempo, la recreación de los mitos la visualidad y la imaginación, constituyen todo un cuerpo de antropología cinematográfica de extraordinaria riqueza y originalidad.




  Y los comentarios sobre películas, Marías admiraba a Chaplin y a Keaton, a Greta Garbo ( “ genialidad “ es su nombre ..esa escena mágica de su rostro en Queen Christine  ) y a Marlene Dietrich, a Gary Cooper , Spencer Tracy, Ingrid Bergman ,  Charlton Heston y John Wayne ,   obras maestras como “San Francisco  “ de W.S.Van Dyke, “Las campanas de Santa María “ de Leo McCarey , “LA fiera de mi niña “ de Howard Hawks,  el cine entero de John Ford, Fritz Lang, Carl Theodore Dreyer, el “western “, las adaptaciones de Simenon , la imaginación de Berlanga, las mejores obras de Rafael Gil (Eloisa está debajo de un almendro ), ... es antológico su extenso comentario sobre “El Cid “ de Anthony Mann, una de sus películas favoritas, (“tres horas en la Edad Media “, la denominó )... y por supuesto Hitchcock, Vidor,  De Mille, Capra, Wyler, Billy Wilder, lo mejor de Fellini , Renoir, Visconti ...  Era consciente del generalizado descenso de calidad del cine moderno , pero gustaba las buenas aportaciones de Coppola, Scorsese, Steven Spielberg , Woody Allen o José Luis Garci.
  Pasear por las páginas de “El cine de Julian Marías “ (Royal Books  1994 ) es una delicia, un viaje apasionante por hermosas películas descritas con lenguaje sencillo, con estilo personal, con la inocencia de un espectador culto que trata al cine con respeto y admiración . Marías contaba a menudo que él iba al cine por placer , no por obligación . Este placer se trasluce en sus escritos de cine y se contagia de forma maravillosa al lector . Es la magia de la escritura, y desde luego el maravilloso y sencillo talento de Julian Marías para recrear las imágenes de la vida humana .